dimecres, 16 de gener de 2008

Pan y su flauta

El día era radiante y no sólo por que el sol luciera en el cielo, otro motivo hacía que todo fuera alegría y regocijo, Hermes y Dríope esperaban la llegada inminente de su hijo. Todo estaba preparado, la música, la fiesta, los invitados ataviados con sus mejores galas, los presentes para la madre y el niño, no faltaba nada si no la llegada de su hijo que no se hizo esperar, pero la alegría pronto cambió a tristeza cuando comprobaron que el ser que había nacido no era precisamente lo que esperaban con tanto deseo, su cara estaba arrugada y su frente estaba adornada con dos cuernos, su mentón muy pronunciado tenía una especie de barba y aquí no estaba lo peor, de cintura para abajo su aspecto era el de un macho cabrío con patas peludas y provistas de pezuñas.

Su madre comenzó a llorar muy asustada al ver a aquel monstruo al que había dado a luz sintiendo un gran rechazo, entonces Hermes, envolviéndole en una piel de liebre, lo llevó al Olimpo para mostrárselo a los otros dioses. Todos se regocijaron al verlo, por alguna razón para ellos no era un monstruo, si no un ser simpático y ya que todos opinaban así, le pusieron el nombre de Pan que significa todos.

Pan creció y se convirtió en el dios de los bosques y de la brisa del amanecer y del atardecer, tenía dones proféticos, era curandero, cazador y músico, era alegre y le gustaba bailar. Vivía en los bosques en donde correteaba detrás de las ovejas y espantaba a los hombres que osaban penetrar en ellos, no así con las ninfas a las que perseguía en cuanto tenía ocasión pues su potencia sexual le hacía estar siempre dispuesto para disfrutar del amor. Le gustaban las fuentes en donde solían jugar las ninfas y en la sobra del bosque, escondido entre la maleza, las espiaba con la esperanza de atrapar a alguna y calmar su deseo. Este divertido personaje, tenía también sus momentos poco amigables, especialmente cuando alguien intentaba molestarle durante la siesta, entonces se volvía irascible y no perdonaba al causante de tamaño atrevimiento.

Pero quizás el amor más memorable fue el que sintió por Siringa. Era una náyade bellísima que gustaba de cazar y recorrer los bosques para luego retornar al río en donde vivía con sus hermanas. Nada más verla, Pan se enamoró perdidamente de ella y comenzó a perseguirla, pero ella asustada por el horrible aspecto de Pan se dirigió veloz hacia el río pidiendo ayuda a sus hermanas, estas, compadecidas, suplicaron ayuda a Gea que para consternación del dios la convirtió en un manojo de cañas.

Pan al ver lo que había sucedido, frustrado, se arrojó sobre las cañas derramando suspiros de amor, uno de los cuales entró en una caña produciendo un sonido maravilloso. Llevado por la curiosidad, Pan recogió nueve cañas de diferentes longitudes y las ató juntas formando una flauta a la que con su habilidad para la música, logró sacar unas melodías como nunca se había oído hasta entonces.

A partir de aquel día, esa flauta a la que le dio el nombre de siringa, le acompañaría siempre y con ella seguiría recorriendo los bosques en busca de las mujeres hermosas a las que amaría con pasión.


Mercè Terrats

1 comentari:

Lluís ha dit...

Mercé,
has tingut l'encert de triar un tema poc conegut per la gent en general. T'animo a que descubreixis altres de semblants i et poso un repte: intenta establir-ne una relació amb coses del món d'avui (art, teatre, cinema, literatura...). Veuràs com et resulta engrescador.
Fins aviat.
Lluís.